¿Qué está pasando con la salud mental de nuestros adolescentes?

Ansiedad, depresión, soledad, autolesiones y nuevas formas de violencia atraviesan a las adolescencias y plantean nuevos desafíos para las familias, la escuela y el sistema de salud. Desde el Hospital de Clínicas analizan las problemáticas que enfrentan hoy los jóvenes y cómo acompañarlos.

La salud mental de los adolescentes presenta hoy nuevos desafíos para las familias, la escuela y el sistema de salud. Los datos recientes dan cuenta de la magnitud de esta problemática: según el último informe del Ministerio Público Tutelar de la Ciudad de Buenos Aires publicado en octubre de este año, las internaciones por riesgo suicida aumentaron 15% entre 2023 y 2025. Además, el 72,4% de las internaciones correspondió a mujeres y el 50,6% a adolescentes de entre 13 y 15 años. 

“Los adolescentes que llegan a la consulta generalmente manifiestan que se sienten solos, que no tienen ganas de vivir, que no ven perspectiva de futuro o no ven sentido a las cosas que hacen. También recibimos chicos que fueron victima de bullying o de alguna forma de abuso sexual, o que han caído en redes de préstamos y apuestas”, explica la Dra. Silvia Ongini, Psiquiatra infanto-juvenil (MN 69.218) del Departamento de Pediatría del Hospital de Clínicas de la UBA.

La trampa de la hiperconectividad

“Vivimos en una época de una velocidad maníaca, donde todo es ya y  pareciera que no hay tiempo ni para uno ni para los demás”, explica la especialista. “Cada vez llegan más pacientes con ansiedad y depresión, porque viven en un contexto en donde reciben estímulos constantes. Cuando solo se recibe un estímulo rápido, cambiante y de alta intensidad, que en la adolescencia es lo que se suele buscar, no hay tiempo de procesar esa información y de construir el pensamiento crítico. Y cuando está afectado el pensamiento crítico, está afectada la toma de decisiones”, agrega.

Por otra parte, este nuevo panorama también afecta en la forma en la que los adolescentes se vinculan, especialmente con sus redes de contención. “En esta velocidad y en esta hiperconectividad, hay una dilución de los vínculos. Ya no hay tiempo para la mirada, la escucha asertiva, para el otro”, señala Ongini.

En ese sentido, indica que “los cambios de época están incidiendo en la falta de red y de estructura en las edades de mayor vulnerabilidad, cuando más se necesita de ese otro que preste estructura y soporte” y afirma que “es ahí donde hace síntoma esa falta del otro”.

Ongini señala que otra característica de la época es “la devaluación de las instituciones y de las figuras significativas (hablamos de figura paterna y materna, independientemente de quien ocupe ese rol). Pasamos de un modelo disciplinario verticalista a un borramiento absoluto de figuras significativas”.

Además, otro fenómeno que se ha visto exacerbado por estas transformaciones es la sensación de una “soledad en compañía”. “La forma de construir mutuidad en el adolescente, antes de la tecnología, ya podía manifestar una soledad en compañía. Ahora lo estamos viendo incrementado porque hay una pseudo pertenencia en las redes sociales, cuando en la adolescencia hay realmente hay una necesidad fisiológica y neuromadurativa de poder tener un grupo de pertenencia. En el fondo, estas redes sociales y esta hiperconectividad terminan siendo un como sí”, explica la Dra.

A su vez, “muchos dicen que les es más fácil hablar con IA sobre sus emociones, más que con un adulto o con un par, aunque saben que detrás de eso no hay nadie real. Por eso también se produce ese sentimiento de soledad”, agrega.

Cómo acompañar y detectar señales de riesgo

Frente a este escenario, la pregunta no es solamente qué les ocurre a los adolescentes, sino también cómo pueden los adultos detectar el sufrimiento y acompañarlos antes de que se transforme en una situación de mayor riesgo. 

En este marco, la especialista destaca la importancia de habilitar espacios de diálogo y escucha, sin tabúes. Por eso, sostiene que “visibilizar el sufrimiento, registrar los cambios de conducta, habilitar la palabra y no minimizar ni subestimar las señales de alerta es clave para actuar a tiempo”.

Ongini explica que “existen señales de riesgo que pueden indicar un estado de vulnerabilidad emocional como el aislamiento, la persistencia de ideas negativas, la desesperanza, la irritabilidad y el retraimiento emocional. También pueden observarse cambios repentinos en el comportamiento o en los vínculos, ansiedad, rechazo hacia uno mismo y, en algunos casos, una hiperactividad inusual en el estudio o trabajo, utilizada como mecanismo de evasión del malestar interno”.

A su vez, “hay síntomas de alarma más específicos que pueden aparecer en la conducta diaria. Estos incluyen alteraciones en los patrones de sueño o alimentación, conductas desafiantes o violentas, consumo de alcohol o drogas, abandono del cuidado personal y deterioro del rendimiento escolar o laboral. 

Nuevas formas de violencia

Las problemáticas que atraviesan hoy a niños, niñas y adolescentes también están vinculadas con nuevas formas de violencia que aparecen en los entornos digitales. La exposición permanente a las redes sociales facilita la violencia sexual digital, el grooming, la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento y la aparición de herramientas de inteligencia artificial capaces de generar contenidos sexuales. 

En nuestro país, hay potencialmente casi 2.000.000 de chicas y chicos que son víctimas de violencia sexual, de acuerdo con una proyección que realizó Red por la Infancia y difunde el Centro de Prevención y Atención del Abuso Sexual en la Infancia y Adolescencia (CEPASI).

El abuso sexual infantil es una de las formas más graves de violencia, cuyas secuelas afectan profundamente la salud psíquica, emocional y física de las víctimas. “La mayoría de los abusos sexuales ocurren en el entorno cercano de la víctima: entre el 70 y 80% son intrafamiliares y suceden dentro del hogar. Además, crecen los casos de violencia a través de dispositivos electrónicos, donde niñas, niños y adolescentes acceden a contenidos sexuales explícitos o interactúan con desconocidos”, explica Ongini.

Con respecto a la prevención del abuso, la especialista recomienda acompañar a niñas, niños y adolescentes en su crecimiento integral y en la apropiación de su propio cuerpo, brindándoles herramientas de Educación Sexual Integral desde los colegios. Además, sugiere que madres y padres consulten a los pediatras para recibir orientación sobre cómo acompañar este proceso. Advierte que no alcanza con que los chicos digan “no”, ya que esto implica delegar en ellos la responsabilidad de defenderse cuando aún no pueden hacerlo, pero sí es fundamental respetar sus “no” y no obligarlos, por ejemplo, a dar besos si no quieren. 

Ante una sospecha de abuso o violencia, la Ley 26.061 establece que toda persona tiene la obligación de comunicarlo a los organismos de protección de derechos o realizar la denuncia judicial. Para recibir orientación y acompañamiento, se puede contactar la Línea 137 (teléfono o WhatsApp 11-3133-1000) o la Línea 102, además de acudir a comisarías, fiscalías, juzgados, defensorías especializadas o la Oficina de Violencia Doméstica (CABA, 24 horas). Los Centros de Acceso a la Justicia (CAJ) brindan asesoramiento legal gratuito en todo el país, y distintas organizaciones civiles —como Cepasi, Red por la Infancia y Adultxs por los Derechos de la Infancia— ofrecen contención y apoyo.

Un espacio para pensar nuevas respuestas

En línea con la necesidad de fortalecer la prevención y el abordaje integral de esta y otras problemáticas que atraviesan las infancias y las adolescencias, el miércoles 21 de octubre tendrá lugar el IV Congreso Interdisciplinario de Salud y Justicia bajo el lema “Nuevas violencias, nuevas respuestas: infancias y adolescencias frente a los desafíos de esta época”. 

El encuentro se desarrollará en el Aula 20 del Hospital de Clínicas (Córdoba 2351, CABA) entre las 8.30 y las 16 h y reunirá a especialistas de distintas disciplinas. Se abordarán temas como salud mental en niños y adolescentes, prevención de la violencia sexual digital y acceso a la justicia y desafíos en torno a la baja de la edad de punibilidad, entre otros temas. La inscripción es gratuita y puede realizarse enviando un mail a esta casilla: congreso@cepasi.org.